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Manta es además una ciudad reconocida por su festival internacional anual de teatro, donde participan grupos teatrales de distintos lugares del mundo. El actor ecuatoriano Carlos Valencia, invitado al festival de Cannes por su actuación en "Ratas Ratones y Rateros".
En octubre la ciudad conmemora el mes de las artes y la cultura, pero uno de los eventos con mayor celebración es la fiesta del comercio.
La ciudad de Manta es visitada por muchos turistas extranjeros quienes tienen mucho interés en aprender el español y conocer las costumbres locales. Son comunes en esta ciudad los programas de intercambio cultural y de idiomas, donde extranjeros vienen a aprender el idioma español a la vez que conocen la ciudad y el país.

Astillero artesanal de Manta

La madera para la reparación o construcción de las embarcaciones son traídas de zonas cercanas a Manta, el lugar de trabajo es en la playa de Tarqui, sitio que es muy vistoso a todas las personas que pasan por la avenida pues pueden observar embarcaciones en construcción y de esta forma ver una manifestación típica de los pobladores de las zonas costeras de Manabí.
La calidad del producto o de la “mano de obra” es buena ya que la mayoría de las veces las embarcaciones son de propiedad de las mismas personas que las reparan, la base del trabajo es la madera, clavos, latón, pintura, entres los principales. Las personas que laboran están en grupos familiares pues esta se puede considerar una actividad hereditaria.

Fiestas del Comercio

La Fiesta del Comercio en Manta es muy antigua. Tiene más de cien años. Comienza a fines del siglo XIX cuando Manta era parroquia de Montecristi. Es una fiesta de recreación y de encuentros. Los vecinos, casi todos familiares o compadres, se reencuentran, se saludan, presentan a sus hijos y comparten experiencias. Recorren los lugares conocidos que les han permitido ser felices. La calle Colón. El parque de las retretas donde se lee el bando de cantonización. La vieja Casa de Aduanas donde se reúne por primera vez el Concejo.
Coincide con la celebración religiosa de la Virgen de La Merced, en un sincretismo extraordinario que sobrevive hasta la década de los 80’s cuando la Iglesia decide no participar en la Fiesta del Comercio.
A principios del siglo XX las casas exportadoras europeas, alemanas e italianas, alientan las festividades impulsando regatas, retretas, elección de reinas, actividades culturales, musicales, cañas encebadas, bandas de pueblo. La Fiesta del Comercio es ya una identidad porteña, un hito cultural, una fecha insertada en el calendario comercial del país.
Hacia 1913 aparece el ferrocarril. En sus vagones vienen los manabitas del centro regional. Desde Portoviejo don Pedro Elio Cevallos para impulsar la cantonización de la parroquia cuya gesta comienza en 1912 liderada por don Ascario Paz. Años más tarde, el Dr. Verdi Cevallos Balda me recuerda que, mientras viajaba en el ferrocarril, se inspiró para escribir el Himno a Manta.
Jipijapa y Montecristi siguen poderosamente vinculados a través de esta Fiesta del Comercio porque desde allá vienen los petardos para los castillos de luces y el café para las tardes en familia.
En los viejos veleros, desde la costa norte, llega el ganado, maderas, cocos, concha prieta, con gente de Bahía de Caraquez  y Chone. Las motonaves traen agua del río Chone para el consumo humano o la pequeña industria que comienza a crecer con Casa Azua que instala la primera planta eléctrica para alumbrar la pequeña ciudad o para Fábrica La Sirena de la familia Arboleda.
Desde Guayaquil vendrán las motonaves Colón y Esmeraldas trayendo el comercio y llevando los productos. Esto lo sé, porque mi padre, Don Víctor Sánchez, es un activista de las Fiestas del Comercio desde su Botica Manabita, centro de tertulias e historias.
Para octubre de cada año, comienzan a venir comerciantes itinerantes de otras partes del país con sus “puestitos” y caramancheles. La ciudad se engalana con gallardetes, se presenta, habla con el país a través del comercio.
A veces coincide con la llegaba de alguna motonave con ganado. Las botan al mar. Las lanchas, las esperan, amarran las cornamentas y las jalan hasta la playa frente a la vieja Aduana donde está el parque de la Madre. La gente se reúne frente al mar para contemplar el espectáculo, conversa, comenta o hace planes para irse a Panamá. En el siglo XX, a los pocos años de la cantonización se crea la Cámara de Comercio e institucionaliza la festividad que sigue teniendo un fuerte contenido religioso dado que la Iglesia convoca a sus fieles cada 24 de octubre.
La Fiesta del Comercio es el encuentro de jóvenes para enamorarse, de vecinos para fortalecer la identidad local, para sentir la ciudad que se ama; es el encuentro de comerciantes para intercambiar bienes y servicios, de los niños con los viejos mientras se degustan los helados, un vino, una cola y un sánduche.
En la década de los años 70 se intenta unificarla con el aniversario cantonal. No prospera la iniciativa porque Manta, antes de ser Cantón, era y sigue siendo una comunidad comercial y portuaria.
Desde principios del siglo XXI se fortalece la Fiesta del Comercio, recobra su status, su esplendor, su donaire, su espíritu de integración.