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La cultura Jocay

Según investigadores, la actual ciudad de Manta se construyó sobre los restos de una población manteña huancavilca llamada JOCAY (JO=Pez; CAY=casa), es decir, la casa de los peces.

“Pedro Pizarro – hermano de Francisco – describe a Jocay como una ciudad grande en la que se llegaba al templo por una gran avenida a cuyos lados se levantaban estatuas de 2,50 mts. de altura construidas en piedra, que representaba a sus jefes y sacerdotes desnudos de cuerpo, razón por la cual un sacerdote español las mandó a destruir” (“La confederación Manteña”, Viliufo Cedeño). Jocay sería un centro administrativo, comercial, artesanal y sede de un culto religioso.

A principios del siglo XX Manta era solo una gran caleta de hombre de mar reconocidos por historiadores como precursores de la pesca y el comercio con otras poblaciones del litoral. El ancestral prestigio pesquero y la relación que los manteños han tenido con el océano vinculan a los habitantes de esta región con el pueblo maya centroamericano.

Más adelante, la construcción de las obras portuarias a partir de 1967 fue el inició de la transformación que hizo de Manta el puerto mercante y pesquero más importante del corredor marítimo del Pacífico Oriental.

La pesca artesanal creció con el advenimiento del motor fuera de borda y la fibra de vidrio; la semindustrial con la presencia de astilleros -ubicados en Tarqui, Los Esteros y Jaramijó – de barcos de madera de 30 hasta 200 toneladas; y, finalmente, la industrial se desarrolló a partir de la década de los 70 con la incorporación de grandes buques atuneros con casco de acero, proveniente de los Estados Unidos.

Así, con la desaparición de la flota atunera de San Diego, en California, se forjó la creación de un nuevo centro atunero en el Ecuador. Manta es hoy sin duda alguna la nueva Capital del Atún del Océano Pacífico Oriental.